viernes, 21 de noviembre de 2014

Los Churros (Relato Propio)



Estaba oscureciendo, aún no se ponía frío pero el viento auguraba una noche helada. Los arboles mecían cansinamente sus ramas como tratando de espantar a los vivos. Las aves, en su mayoría, se habían retirado al inicio del invierno y salvo por algún canto fortuito, reinaba el silencio y la calma.

Ajenos a todo esto una joven pareja paseaba despreocupada por el parque, él era un egresado de medicina, ella, una estudiante de psicología. Se podría usar la palabra "perfecta" para describir su relación sin alejarse demasiado de la realidad. Ella gozaba de la pintura, él de la lectura. A ambos le gustaban los perros, compartían el mismo odio por las espinacas y lo que era más importante ambos gustaban de las caminatas por el parque.

Ella se encontraba algo más silenciosa que de costumbre, Él, algo más distraído.

Compraron un par de churros con manjar a una señora de edad con un carrito bajo una vieja farola,
siempre comentaban que comer un churro sin manjar era como el sexo sin amor, una tontería.

Cuando terminaron se comer, se detuvieron en el borde de una pequeña laguna donde arrendaban botes y se miraron mutuamente. Ella estaba más hermosa aún que cuando la conoció; su pelo negro azabache se movía revoltoso por el la brisa de nocturna y  el débil destello de última luz de la tarde realzaba sus ojos cafés oscuros, intensos y embriagantes.

Te amo, dijo él. Yo te amo más, respondió ella.
Él la engañaba con un enfermera. Ella esperaba un hijo de otro.
Los churros estaban fríos.


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